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Corría el año 1764. Se había desencadenado una devastadora e
invencible plaga de gusanos, de tal manera que se tenían por perdidas las
cosechas de algodón.
En la Misa del 25 de Marzo, los colonos pidieron en sus plegarias por el
exterminio de las plagas y la salvación de sus cosechas. Al otro día,
¡no podían creerlo!. Los algodonales estaban verdes,
lozanos, frondosos, no había plantas marchitas.
El gusano había desaparecido por completo, sin dejar rastros de su
destructor paso.
Pocos años después ataca a la zona la terrible langosta talando casi todo
bosque del valle. Un día, un grupo de viajeros llegó con la noticia que
este espantable ejército se venía acercando a esta ciudad y cuerpo de
haciendas.
Entonces los vecinos concurrieron a una Misa de rogativas a Nuestra
Señora suplicándole su intercesión ante tamaño mal. Esa noche había
acampado una inmensa manga en las inmediaciones de la Ciudad. A la mañana
se cantó Misa, y pese a que ya estaba calentando el sol, la plaga no
aparecía. Luego llegó la noticia de que la temible manga de langostas
había levantado vuelo hacia el sur.

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