
|
La
Imagen
tal como fue encontrada.
Después los españoles le pusieron
vestido y manto, que le hicieron
cambiar su aspecto.
La imagen
No hay ningún dato preciso para asegurar cuál fue el origen de la
Imagen o cómo llegó a la Gruta de Choya. Dicen los historiadores:
"Esto nomás constituye un auténtico prodigio". Un verdadero
milagro, grande y auspicioso con el que dio comienzo a una serie
ininterrumpida de hechos portentosos que le granjearon una devoción tan
extendida.
Según describe el historiador de Catamarca, el sacerdote Antonio
Larrouy: Representa a la Virgen en el misterio de su Concepción
Inmaculada, de pie, la media luna bajo sus plantas, las manos juntas ante
el pecho, mirando el cielo sonriente.
En conformidad con una antigua costumbre española, la Imagen fue vestida
con ropas de tela
desde los principios y vestida ha quedado siempre.
Las vestiduras constan de túnica blanca y largo manto azul. No dejan
visible más que el óvalo del rostro y las manos que sobresalen de una
hendidura de la túnica y ocultan un conjunto formado por tres piezas: un pedestal de 24 cm de alto; una
peana de 10 cm y la
Imagen que mide 42 cm desde la cabeza hasta los pies.
La altura total es de 78 cm y el peso de 5280 kg. incluido el pedestal.
Este es de algarrobo negro torneado y dorado; hecho en 1870 en
sustitución de otro ya envejecido. Sobre él esta atornillada la peana.
Las tres constituyen pequeñas tarimas cuyos lados miden 21,19 y 15 cm
respectivamente superpuestas a modo de escalera. Las tres están doradas,
las dos inferiores son de cedro americano, la de arriba de una madera más
blanda. Delante de la Virgen se lee: "Nuestra Señora de la Limpia
Concepción".
La Imagen está pegada sobre la tarimita superior con una especie de
engrudo (oportunamente fue mejor asegurada). Es una de las muchas
imágenes llamadas de encarne.
Una pequeña púa de que estaban las antiguas coronas de la Virgen y el
alfiler de oro de la actual, han producido encima de la cabeza algún
daño. Se observa por allí una pequeña caja blanquecina de unos 3 mm
de espesor, debajo un tejido hecho de fibras. Más en el
interior, el alfiler se detiene ante un cuerpo más resistente.
Su traje modelado en relieve, y pintado, comprende manto, pelo, cinturón
y vestido. Todo está pintado al estofado; es decir, dorado primeramente
por debajo y pintado luego de los colores por encima. El manto rojo con
puntitos de oro por dentro, es exteriormente azul, sembrado de
estrellitas, siempre de oro y realizado con un galón de lo mismo; cae por
detrás hasta el suelo; dejando despejada la frente envuelve la cabeza, y
los cabellos de color castaño claro se perciben sólo en ambos lados del
cuello y un poco sobre los hombros. El pelo es colorado; lleva en el
cuello una puntilla blanca pintada. Cíñele un cinturón azul listado
verticalmente de oro y florecitas rojas, cae hasta el suelo y oculta
completamente los pies; por los lados, y no por delante, sobresalen los
dos cuernos de la media luna.
Las manos no están propiamente juntas, palma contra palma, sino unidas
por sus bordes; forman así una concavidad poco graciosa y que las hace
parecer demasiado macizas, pero los dedos están bien modelados. El rostro
es demasiado anguloso, sin nada de aquellos contornos suavemente
redondeados que se encuentran en las obras de los maestros. Las mejillas
están ligeramente sonrosadas y de cerca la tez parece mucho menos morena
que a la distancia. Sin embargo, no deja de ser verdaderamente la MORENITA
como el pueblo, con su tierna y respetuosa familiaridad, gusta llamar a la
Virgen del Valle".
 |