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AL PRESBÍTERO Dr. PEDRO IGNACIO ACUÑA
Hallándose en cama convaleciente de una enfermedad, el Dr. Acuña
solicita que le abran la puerta de la habitación porque no veía nada, a
lo que le responden que estaba abierta, por lo que él exclama –"estoy
ciego".
Sin aplicarle remedio alguno, el cura de la Matriz y el clero deciden
llevar en procesión la Imagen de la Virgen a la casa del enfermo.
A pesar de su oposición por no considerarse digno de recibirla, una
vez allí, postrado de rodillas oró en silencio un corto tiempo, y
después habló en voz alta a la Virgen para pedirle que si convenía le
devolviera la vista perdida, y si no le diera resignación para soportar
aquella desgracia.
Aun no había terminado de hablar cuando comenzó a inquietarse y luego
de un instante de silencio manifestó que comenzaba a distinguir la
Imagen. Al poco rato veía perfectamente.

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